ATAQUES DE IRA
¿Cómo sé si tengo ataques de ira?
Cuando hablo de ataques de ira me refiero a las situaciones
en las que el enfado, la rabia o la furia se apoderan totalmente de ti. Y haces
o dices cosas que normalmente no hubieras hecho. Hay momentos de la vida en los
que, por el nivel de estrés, por el dolor, el cansancio o por otras
circunstancias extremas, puedes tener salidas de tono. Si es algo muy puntual
no debe preocuparte, al contrario, a veces necesitamos ser muy firmes para
transmitir lo que necesitamos.
En cambio si es algo que te sucede a menudo, si te está
complicando la relación con tu pareja, con tus hijos, con tu suegra, con tu
jefe… entonces vale la pena que leas este artículo con calma y que te pongas en
marcha para dar un giro a tu forma de reaccionar ante la frustración.
¿Cómo puedo evitar los ataques de ira?
Presta atención a las recomendaciones que te traigo para que
puedas aplicarlas desde hoy para librarte de los accesos de ira. Las he
aprendido de Mike Fisher, de la Asociación Británica para el manejo de la ira,
uno de los referentes europeos en este tema. Vamos allá:
1. Tómate tu Tiempo fuera
Esta es una de las consignas que más repetimos los
psicólogos. Y lo que significa es que cuando notes que tu “temperatura” está
subiendo, que te estás alterando más de lo que querrías, debes alejarte de tu
pareja o de la persona con la que estás discutiendo. Puedes irte a otra parte
de la casa o salir de casa para dar un paseo. Lo importante es que cortes la
discusión. Déjala para un momento en el que te sientas más calmado/a.
Si ha pasado más de una vez, lo ideal es que acuerdes con tu
pareja que cuando notes que puedes perder el control, te vas a apartar. De esta
forma no se quedará con la sensación de que le dejas con la palabra en la boca
y no se agravará aún más la situación.
Pero ¿qué debes hacer durante este tiempo fuera? Parar, respirar y tranquilizarte en primer lugar.
Cuando te hayas relajado un poco, podrás volver a pensar. Y entonces podrás
intentar entender qué es lo que te ha sucedido. Esto significa descubrir qué es
lo que te ha irritado realmente y qué parte de responsabilidad tienes tú en lo
que ha sucedido.
2. Aprende a expresar cómo te sientes
Se trata de ponerle palabras a lo que estás sintiendo para
poder informar a tu pareja de lo que te sucede: estás enfadado/a, asustado/a,
triste, herido/a, avergonzado/a… ¿Y esto cómo se hace? Pues se trata de usar
frases que empiecen por “yo” en las que no te dediques a hacer acusaciones ni
reproches sino que debes hablar de tus sentimientos:
– “Me siento herido por la forma en que me tratas” en lugar
de decir “Tú siempre me maltratas, tú me tratas como una m…”
– “Estoy enfadada porque no me estás escuchando” en lugar de
decir “Tú nunca me escuchas, siempre me interrumpes”.
– “Me siento triste porque no me estás tomando en serio”… en
lugar de decir “Tú siempre me menosprecias”
3. Sé asertivo/a en lugar de ser pasivo/a o de ser agresivo/a
Esta pequeña frase daría pie a un post entero pero de momento
te dejo el titular. Se trata de comunicar de la forma más clara posible lo que
necesitas sin avergonzar ni acusar a tu pareja, sin sarcasmos y sin cinismo,
sin chillar, sin insultar… Aquí van algunos ejemplos:
– “Necesito que me escuches sin interrumpirme y sin poner
esas caras raras”.
– “Quiero que me tomes en serio cuando te doy mi opinión”.
– “Para mi es importante que me entiendas y que me valores”.
No esperes que tu pareja adivine lo que necesitas en cada
momento porque no te va a funcionar y es muy probable que te lleve a la
frustración. Atrévete a pedir lo que necesitas y verás que las cosas pueden
cambiar.
4. Sé consciente de las consecuencias de la situación
El reto está en tener presentes las consecuencias de tus
ataques de rabia para que te sirvan como freno para no perder los papeles. Las
consecuencias serán mucho peores que lo que estás viviendo en el momento de la
discusión. Así que haz todo lo que puedas por evitarlas.
5. En cuanto notes que la rabia se está apoderando de ti,
busca ayuda
Habla con alguien que te ayude a tranquilizarte y a manejar
de una forma más útil el estrés. Si tienes claro que tienes tendencia a perder
los papeles, está claro que vas a necesitar ayuda. Elige a un famlliar, a un
amigo o alguien cercano a quien puedas recurrir en un momento de apuro para que
te ayude a recuperar la calma y el control sobre ti mismo aunque sea por
teléfono.
6. Tu cuerpo te va a avisar de cuando te estás enfadando,
préstale atención
Te recomiendo la meditación como herramienta para poder
identificar cómo te sientes en cada momento. De esta forma podrás descubrir las
primeras señales de tu enfado que son tuyas personales porque cada uno tiene su
peculiaridad. Sin embargo para que sepas a qué debes estar atento fíjate en si
notas tu cara más caliente, sientes que respiras de una forma distinta, se te
cierran los puños como si te prepararas para golpear, tu corazón se acelera, te
acercas más a la persona que tienes delante… Descubre tus propias señales que
te van a avisar de que el enfado se empieza a disparar y de los ataques de ira
pueden aparecer y podrás pararlo antes de que sea demasiado tarde. Párate y
respira.
7. Usa la regla de los 5 minutos
Esta es una de las reglas que recomienda Mike Fisher. Párate
a pensar si lo que te está sucediendo es algo que te va a importar dentro de
cinco minutos o si es algo que en realidad no es tan importante. Por ejemplo te
puede dar mucha rabia que el conductor de delante te haya quitado el lugar en
el que ibas a aparcar o que un chaval se te haya colado en una tienda pero si
te paras a pensarlo es muy probable que descubras que no es tan importante para
tu vida. Si realmente lo que te ha sucedido es importante, entonces deberás
buscar una estrategia más útil para afrontar la situación. Una que no pase por
perder los papeles y hacer algo de lo que luego te vas a arrepentir.
8. Tu pareja no está contra ti
Es muy probable que tu pareja piense y sienta de forma
distinta a cómo tú lo haces y que en ocasiones no esté de acuerdo contigo. Pero
esto no significa que te esté atacando o que te rechace como persona. Debes
aprender a no tomarte como algo personal todo lo que expresa tu pareja. Es
quizás uno de los puntos más difíciles de conseguir pero es de los puntos clave
para que tanto tú como tu pareja podáis expresaros libremente en vuestra
relación e incluso hablar de lo que os molesta sin miedo a las consecuencias.
9. Aprende a escuchar
Veo muy a menudo que cuando las parejas hablan de los temas
más difíciles, se interrumpen constantemente y no se escuchan. No cortes a tu
pareja, deja que use el tiempo necesario para expresar lo que te quiere decir.
Mientras escuchas no debes estar planeando el contraataque porque ya hemos
quedado en que tu pareja no está contra ti, simplemente escucha e intenta
entender a tu pareja.
10. Usa y practica la empatía
Si tiendes a enfadarte con facilidad es muy probable que te
cueste poner en práctica la empatía en medio de una discusión así que respira
hondo, intenta relajarte y pon todas tus energías en intentar ponerte en el
lugar de tu pareja. Ser empático significa precisamente esto, intentar vivir la
situación exactamente como la está viviendo tu pareja para que puedas entender cómo
se siente. Si llegas a conseguirlo verás que se abren nuevas posibilidades de
resolver lo que os ha enfrentado sin ataques de ira.

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